Un hombre puede cambiar el mundo



Veterano

Al lado de una mesa plegable está un hombre mayor al que observo con cuidado. Cabello largo plateado, una chamarra caqui militar y placas metálicas de identificación colgadas al cuello.

Es un anciano veterano de la guerra de Vietnam y sin embargo vende botones afuera del zoológico de Central Park, en Nueva York, con la leyenda “Stop the War”.

Al examinarlo descubro su cruzada personal. No se concreta a la venta de su mercancía, lo que le importa es convencer sobre el mensaje de ésta.

Explica a todo el que lo quiere escuchar que en la guerra de Irak, que en ese momento se lleva a cabo, Estados Unidos está mal y que reelegir a George Bush será un gran error.

Para reforzar la idea sus botones tienen lemas variados: “No elijas a un necio”, “No a Bush”, “No dejes que un imbécil nos gobierne” y el más abundante de todos, y el que llamó mi atención desde el principio, “Alto a la Guerra”.

No me puedo resistir, así que me le acerco y lo cuestiono; “¿Por qué te esfuerzas? Todas las encuestas hablan de que Bush ganará las elecciones y la guerra con Irak seguirá. ¿Por qué predicas en el desierto?”, le pregunto.

– “¿Qué no lo sabes?” –, me contesta, – “Un solo hombre es capaz de cambiar el mundo” –, agrega mientras acelera el paso para alcanzar a un posible adepto a la causa.

Yo me quedó en el puesto y, sin sobreponerme a la respuesta, no me doy cuenta del momento en que empiezo a dar información de los precios de los botones a las personas que pasan.

Se acercan dos chicas, una de ellas se retira casi de inmediato después de ver los distintos mensajes, mientras que la otra, de aspecto humilde, rebusca en una raída bolsa de mezclilla.

“¿Cuál te gusta?, yo te lo pago”, le digo cuando observo que no encuentra dinero, mientras el dueño del puesto vuelve a mi lado.

–“Gracias pero No. Quiero contribuir. Me gustaría que hicieran muchos más botones de estos”, me dice, involucrándome en la manufactura de los mensajes subversivos.

– “Soy judía, vivo en Queens. Creo fuertemente en mi religión, pero también creo que los musulmanes son mis hermanos, como el resto de la humanidad y estoy en desacuerdo que un loco invente una guerra solo por el petróleo”.

El anciano y yo nos miramos mientras ambos, sin proponérnoslo, esbozamos una sonrisa con la que admitimos que esta chica ha cambiado un poco el mundo de ambos.

– “No quiero que maten más musulmanes, el fanatismo solo hace correr sangre. Nadie nos regresará a la gente que perdimos en las Torres Gemelas y con esta guerra solo ensuciamos su memoria”, agrega.

La chica encuentra las monedas, y apenas le hemos dado el botón se lo prende en su gastada chamarra de mezclilla, se despide y se va.

Sigo ejerciendo de marchante sedicioso en un País que no es el mío, y después de un rato me despido del exmilitar. Elijo dos prendedores que el viejo se empeñaba en no cobrarme, así que le recuerdo el deseo de la muchacha: “Necesitamos dinero para hacer más”.

Él sonríe y toma el dinero.

Siempre que regreso a la Gran Manzana invariablemente acudo a Central Park para ver si me topo con mi  changarrero socio de insurrección. Como no lo vuelvo a ver decido asegurarme que el anciano y la chica judía queden bien instalados en mi memoria.

Tiempo después ambos aparecen destellantes en mi pensamiento, durante un curso de periodismo. Sucede mientras escucho a un prestigiado editor de The Wall Street Journal que se niega a responder las preguntas que le he hecho segundos antes.

“¿Por qué The Wall Street Journal se dejó maniatar por Bush?, ¿por qué los medios de comunicación estadounidenses se plegaron a la cobertura que les impuso la Casa Blanca?, ¿Por qué no cuestionaron las mentiras de las supuestas armas químicas de Irak?”.

–“No comments”, es lo único que dice el expositor provocando la risa de la clase, todos reporteros de diferentes medios a los que les resulta bastante extraño que un periodista eluda una pregunta académica con el clásico “sin comentarios”, sobre todo cuando él había pedido que se le cuestionara.

Yo se que ese periodista se negó a responder por vergüenza.

Porque tendría que haber admitido la estupidez y la cobardía de quienes no fueron capaces de cumplir con su deber. La historia recurrente y eterna de la humanidad, en donde la indiferencia  provoca las calamidades. Porque los malos por sí solos poco pueden hacer, pero si la gente “buena” se hace de la vista gorda, entonces el infierno se reinventa.

Eso es en parte lo que dejamos que pasara en México, permitimos que el País se pudriera tantito y ahora la peste está por todas partes. La gente “decente” en los curules de senadores, diputados, o las elegantes oficinas de políticos o empresarios, volteo para otro lado mientras el País se descomponía, o lo peor: se volvieron comparsas y cómplices de los malos.

Afortunadamente cuando los profesionales y líderes de opinión toman posturas cómodas, o se venden, siempre hay alguien que defiende convicciones, aunque sea humilde, como la niña Mafalda, el personaje de Quino, que desde su sillita lanzaba constantemente llamados a la Paz mundial.

La evolución del mundo se sustenta en un equilibrio frágil en donde unos cuantos son capaces de crear los contrapesos para que las cosas no se vayan al diablo y entonces: pocos, o uno solo, pueden cambiar al mundo.

En el momento en que acudía a ese curso de periodismo, el panorama era muy distinto. The Economist y The Guardian, habían documentado las mentiras de Bush para llevar a Estados Unidos a la guerra y para todos era un hecho la inexistencia de las armas de destrucción masiva.

Lo anterior provocó el desprestigio del Partido Republicano y llevó al primer Afroamericano a la Casa Blanca.

Mi amigo, veterano, y mi amiga, judía, tenían el mérito de ser consciencia de justicia en un entorno en el que imperaba el fanatismo.

A veces, cuando mi alma se siente descoyuntada por algún resfrío de ideales, practico un viejo truco: Meto la mano a mi portafolio y palpo un botón que está prendido en su interior y eso siempre me recuerda que “Un Hombre Puede Cambiar al Mundo”.



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Comentarios


  1. Montserrat López dice:

    Excelente Nota!!! No me deja más que luchar por, haciendo lo que me toca, cambiar el mundo!!!

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