Un requisito para que una persona sea declarada Santa por el Papa es que haya hecho un milagro probado, a excepción de los mártires cuyo testimonio de fe es lo que los lleva a los altares, y hoy, después de un corto proceso de santificación la madre Teresa de Calcuta ha sido declarada Santa.
El papa Francisco proclamó santa a la madre Teresa de Calcuta hoy domingo a las 10:00 de la mañana en Roma ante más de 100.000 personas congregadas en la plaza de San Pedro, y bajo un tapiz con el rostro de la fundadora de las Misioneras de la Caridad.
El milagro probado que completó el proceso fue la sanación de Marcilio Haddad Andrino, del municipio de Santos en Brasil, quien fue curado inexplicablemente en diciembre del 2008 cuando tenía problemas con una infección bacteriana en el cerebro que le generó ocho abscesos cerebrales graves y un dolor de cabeza insoportable.
“Desde el principio el diagnóstico no era bueno y solo parecía empeorar. Pero en el interior de este gran sufrimiento comprendimos que algo había ocurrido. Estaba seguro de que fue la Madre Teresa quien me sanó”, explicó Marcilio al canal de televisión italiano Rai1
La historia del milagro comenzó cuando un sacerdote amigo, el P. Elmiram Ferreira, animó al joven recién casado y a su esposa, Fernanda Nascimento Rocha, a orar pidiendo la intercesión de la Madre Teresa.
Fernanda explicó que Marcilio estuvo enfermo durante dos años y que acudieron a innumerables médicos pero sin recibir un diagnóstico certero. “Fue una espera llena de angustia y no sabíamos qué era lo que estaba mal. El primer intento de tratamiento no tuvo éxito. Así que el médico cambió la terapia, pero Marcilio continuó emperando”.
Cuando se descubrió que un infección le había provocado 8 abscesos en el cerebro los médicos decidieron intervenir quirúrgicamente a Marcilio
Cuando el cirujano entró en la sala de operaciones se encontró con Marcilio despierto. “Sentí una gran paz dentro de mí y ya no tenía dolor de cabeza. No entendía lo que me estaba pasando”, expresó.
Ante la mejoría del paciente el médico decidió no operar hasta no hacer nuevos estudios, y a pesar de la mejoría se negó a reconocer la desaparición de la enfermedad y no lo hizo hasta después que, estupefacto, vio los resultados de toda una nueva serie de estudios que mostraban al basileño sano.