Aunque la civilización se vaya al precipicio, los hombres y las mujeres virtuosos serán siempre la brújula que nos señale el rumbo, y en estos días Shannon Johnson es la más clara señal de humanidad y bondad.
Johnson pertenece a ese tipo de seres especiales como Ludovic Boumbas, o Ludo para los cuates, que a costa de su vida salvó a una niña en los ataques de París cuando se lanzó contra uno de los terroristas (ve la nota aquí), o la bellísima Victoria Soto, que en el 2012 escondió a todos sus alumnos de kinder en un armario y el terrorista que atacó su escuela la asesinó cuando no encontró a los pequeños.
Miembros de ese grupo de hombres y mujeres extraordinarios que vienen a este mundo disfrazados de gente ordinaria como un empleado de mensajería, que era el oficio de Ludo; una sencilla maestra de preprimaria, como Victoria; o como un inspector de salud, que era el trabajo de Shannon.
La novia de Shannon cuenta que ese día, el de la tragedia de San Bernardino, el pasado 2 de diciembre, platicó con él antes de que se fuera a su trabajo, por espacio de dos horas, en una conversación inusual y agradable que los hizo sentir muy bien a ambos.
Denise Peraza, era compañera de trabajo de Shannon en el centro de atención a personas vulnerables en San Bernardino y cuenta como estuvieron bromeando ambos durante el día haciendo referencia a que el tiempo pasaba muy lento.
“Bromeaba sobre que el reloj de pared del centro estaba descompuesto porque el tiempo parecía pasar muy lento”, comenta Peraza.
De repente empezaron a llover las balas y todo fue confusión, e inmediatamente Shannon protegió a Denise.
“Te tengo”, recuerda la chica que le dijo Johnson.
Se acurrucaron junto a un escritorio detrás de una silla caída y Shannon trató de cubrir a Denise con su cuerpo.
“Aunque no puedo recordar cada segundo de esa mañana, siempre voy a recordar su brazo izquierdo alrededor de mí, que me sostiene lo más cerca posible a su lado detrás de la silla”, dijo.
Peraza fue alcanzada por un disparo en la espalda mientras que Shannon no sobrevivió los impactos de bala que recibió.
Aun convaleciente Denise tenía mucha prisa por dar su testimonio, porque tenía que contarle al mundo que Shannon no era solo un inspector de salud que se había convertido en una víctima más de los terroristas.
Sino un miembro de esos seres extraordinarios que viven disfrazados de gente ordinaria hasta que llega el momento en que nos vuelven a señalar el rumbo sublime de la humanidad.