Senado de Estados Unidos cuestiona a Gobierno de México por violación a DH



El líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, de Nevada hace una pausa durante una conferencia de prensa en el Capitolio de Washington, el lunes 1 de agosto del 2011,  para hablar sobre el anteproyecto de límite de endeudamiento de EE.UU. La medida será sometida a un voto final en el Senado el martes antes de ser enviada para la firma del presidente Barack Obama, evitando una desastrosa situación de un impago estadounidense. (Foto AP/Jacquelyn Martin)

En un acto poco coercitivo, por el poco valor de la ayuda, el Senado estadounidense condicionó la entrega de parte del apoyo económico a México para el combate a la delincuencia, por la violación de las autoridades mexicanas a los derechos humanos.

El Comité de Apropiaciones del Senado condicionó el 25% de la ayuda a las Fuerzas Armadas mexicanas al desarollo de las investigaciones de los sucesos de Tlatlaya, en donde las fuerzas armadas ejecutaron a 22 presuntos delincuentes, e Iguala, en donde las autoridades desaparecieron a 43 estudiantes.

La sanción implica no entregar a México cerca de 3 millones de dólares, una cantidad ridículamente baja.

El apoyo del gobierno de Estados Unidos representa más un dolor de cabeza para el Gobierno mexicano que un apoyo relevante, ya que  es aprovechado por el Senado estadounidense para abordar la violación a los Derechos Humanos, que hasta hace poco el gobierno de Enrique Peña Nieto se negaba a aceptar.

Cuando a principios de este año la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) publicó su informe sobre México, en donde señalaba la generalización de la violación de los derechos humanos en el País, el gobierno de Peña Nieto respondió con prepotencia al acusar a los representantes de la CIDH de mentir.

La respuesta de Peña Nieto a la CIDH también fue calificada de “estúpida” por analistas internacionales ya que negaba algo que no podía ocultar y porque con su violenta respuesta confirmaba su intolerancia.

El Gobierno de Peña Nieto acusó a la CIDH de hacer un reporte sesgado y con conclusiones sin fundamento que no reflejaba la situación general de México.

Después se dieron otros informes terribles sobre México, como la generalización de la violación a mujeres como tortura.

Sin embargo, con una pesada lápida de desprestigio internacional bajo su hombros, el gobierno de Peña Nieto no volvió a responder tan violentamente como lo hizo a la CIDH y tampoco lo hará, ahora que es el Senado estadounidense quien le cuestiona.



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