Con el pretexto de que es un personaje muy franco y que siempre dice la verdad, Donald Trump ha dicho barbaridad y media negándose a disculparse… hasta ahora.
Después de que ha despedido, por segunda vez, a los coordinadores de su campaña, en plena picada en las encuestas y con cientos de peticiones de líderes republicanos que piden al Partido que le retiren el apoyo, Trump por primera vez pide disculpas por sus comentarios.
“Hay veces que en el ardor del momento y hablando sobre muchas cosas, uno no elige las palabras correctas o dice lo que no tiene que decir”, ha reconocido el magnate, quien durante la campaña ha levantado numerosas polémicas. “Yo he hecho eso”, ha señalado, según la transcripción de su intervención en la cadena CBS.
“Y lo podrán creer o no, lo lamento”, agregó.
El empresario quiso usar su boconería para contrastarse con Hillary Clinton a la que acusó, de pertenecer a una clase política, que a diferencia de él, le ha mentido constantemente a los ciudadanos estadounidenses.
Sin embargo, diversos especialistas en marketing político coinciden en señalar que la corrección de Trump llega demasiado tarde, como un producto caduco, que las personas ya no quieren ver en el anaquel, el empresario rebasó una línea sin retorno, la de la credibilidad.
Trump enfrenta el problema de los bobalicones donde lo que dice empieza a ser visto por sus propios seguidores como el “chiste” del momento y al rebajar su mensaje a lo anecdótico el poder de odio con el que inflamaba a las clases blancas pobres ya no tiene el mismo efecto.
El electorado molesto por todas las estupideces que ha dicho no votará a Trump solo porque se ha disculpado, en cambio el voto duro del blanco racista y resentido que lo sigue podría alejarse de las urnas al constatar que no es el tipo duro que los emocionaba.