Ante la estupefacción del pueblo mexicano el presidente de México, Enrique Peña Nieto, recibirá hoy en los Pinos al candidato republicano Donald Trump, quien desde el inicio de su campaña ha insultado reiteradamente a los mexicanos.
La reunión golpeará fuertemente la ya de por sí decaída imagen presidencial de Peña Nieto, mientras que a Trump le ayudará a ganar votos, no de los hispano (que mayoritariamente apoya a la demócrata Hillary Clinton) sino del segmento blanco conservador que busca un gesto de tolerancia de Trump para elegirle.
La presidencia mexicana se metió en una trampa ella sola cuando, el pasado viernes, hizo una invitación a los dos candidatos estadounidenses.
Sin consultar a Peña Nieto y sin haber siquiera pactado la reunión, el equipo de Donald Trump anunció ayer que el empresario haría una visita relámpago a México para entrevistarse con el Presidente.
La primera reacción de Los Pinos fue de estupefacción. Ni la Presidencia, ni la Secretaria de Relaciones Exteriores, dieron confirmación oficial de la visita y cuando algunos periodistas consultaron a los estrategas más cercanos a Peña Nieto estos dijeron, off the record, que una reunión con el presidente de México no se improvisaba de un día para otro.
La prueba del desconcierto del Gobierno Mexicano es que inicialmente sus voceros negaron a los corresponsales mexicanos en Estados Unidos que la reunión se fuera a realizar, y no fue hasta que el periódico The Washington Post confirmó el viaje, que la información empezó fluir y posteriormente Peña Nieto la confirmó en su cuenta de Twitter.
A pesar de la evidente manipulación de Donad Trump, Peña Nieto cayó en su juego.
Así el presidente de México, en un claro error político, ayudará a la campaña del republicano, y al ser Trump quien impone la agenda, envía un mensaje de sumisión que le permitirá a Donald Trump asegurar que el País aceptará sus absurdas pretensiones, como el de pagar la construcción de un muro en la frontera.
Peña Nieto se pone como tapete para que Trump pasé por encima de él y luego acuda a un mitin en Arizona en donde reiterará sus planes de migración, que es la base de su campaña y que ahora resultarán más convincente porque podrá mostrar como pisotea al Presidente de México.
Lo que ha hecho Donald Trump es una jugada maestra, ya que centra nuevamente los reflectores en él, dejando fuera de juego, por el momento a Hillary Clinton, pone en la picota a un cuestionado Presidente de México, con el que la opinión pública se ensañará y al que la oposición buscará hacer comparecer ante el Congreso.
Pero lo más valiosos para Trump en este momento es el oxigeno que con estas acciones le pone a una campaña en franca caída libre.
Si Peña Nieto fuera astuto, vería en esta reunión su oportunidad de oro en un momento en el que sufre un desprestigio monumental.
Haría pública la reunión impidiéndole hablar; daría un mensaje a Tump y al mundo recordándole que ha llamado a los mexicanos, violadores y criminales; que ha prometido construir un muro y obligar a México que pague por él; que ha dicho que robará a los mexicanos al confiscar las remesas que envían a México; que deportará millones de compatriotas; que impedirá que los mexicanos nacidos en Estados Unidos obtengan la nacionalidad estadounidense; que echará a los dreamers (jovenes mexicanos) que estudian en universidades estadounidenses…
Después lo echaría del País y eso golpearía fuertemente la imagen del empresario ya que lo exhibiría como débil frente a sus seguidores, le daría armas a sus enemigos para mostrar como que en las relaciones internacionales las bravuconerías de Trump no servirán y… lo mejor para Peña Nieto es que recuperaría parte de su popularidad perdida.
Sin embargo, lo que menos se puede pedir a Peña Nieto es inteligencia y lo más seguro es que cuando Trump le diga que salte, él preguntará ¿Qué tan alto?