Por mucho tiempo se ha especulado sobre la manera en la que el perro y el hombre se convirtieron en socios, acontecimiento tan importante que incluso algunos antropólogos lo señalan como un acelerador de la evolución del hombre.
Por lo que resulta sumamente interesante una nueva teoría de la Universidad de Oxford, que explica la evolución del lobo en perro.
Hasta ahora ha predominado la teoría de que un cazador-recolector visionario capturó un lobo cachorro de su madriguera y comenzó a criar lobos cada vez más mansos y con eso inició la evolución canina.
“La opinión científica prevalente es que esa historia no resiste. Es difícil domesticar un lobo, aunque sea cachorro, así que muchos investigadores consideran que hay muchas más posibilidades de que, en efecto, los perros se hayan inventado a sí mismos”, señala el diario New York Times.
Oxford señala que no fue el hombre el que tomó la iniciativa de domesticar al lobo, sino fue el propio lobo el que vio grandes ventajas de aceptar al hombre como parte de su manada.
El lobo empezó a seguir a las comunidades humanas y, al acostumbrarse al hombre, lo dejó de ver como una fuente de alimento y lo convirtió en su mente en un proveedor de alimento que le dejaba sobras que él aprovechaba.
Inevitablemente el hombre vio la ventaja de aprovechar las habilidades de los lobos para que le ayudara a cazar y vigilar, pero esto no significa que lo domesticara porque el lobo había tomado la iniciativa y fue él quien adoptó al ser humano.
Conforme el lobo empezó a vivir con el ser humano empezó a evolucionar para convertirse en el perro que ahora conocemos.
“Los perros modernos son muy diferentes de los lobos modernos. Comen sin problemas enfrente de las personas, los lobos no. Sus cráneos son más anchos y sus hocicos más cortos. No viven en manada cuando están solos.
“Los lobos forman parejas estables y los papás lobo ayudan con los pequeños mientras que los perros son totalmente promiscuos y a los machos no les importa su descendencia. Sin embargo, es fácil que perros y lobos se crucen y algunos científicos ni siquiera están convencidos de que sean especies distintas. Este escepticismo es una muestra del debate científico sobre cómo debe definirse una especie o en qué medida la categoría es un hecho de la naturaleza y no una línea arbitraria que pintamos los seres humanos”, abunda el diario.
Investigadores que estudian el ADN de perros y lobos sostienen que los perros se originaron en el este de Asia, Mongolia, Siberia, Europa y África.
Está entre los muchos autores de un artículo publicado en 2013 en Science que identificaron el cráneo de uno de los primeros perros, de unos 32.000 años de antigüedad, recuperado en una cueva belga en Goyet.
Germonpré señaló que el cráneo antiguo era ancho, con dientes apiñonados y hocico corto. Y que todas estas características le indican que no se trata de un lobo.