El caso de Christian Martinoli es inédito en México, fue agredido por ser reportero, por realizar su trabajo; pero en menos de 24 horas se sancionó al culpable. Esto es único porque en México se han matado a cerca de una centena de periodistas en la última década sin que los responsables sean castigados.
Filadelfo Sánchez Sarmiento fue asesinado por dos hombres el 2 de julio pasado cuando salía de la estación de radio donde conducía un noticiero, en la ciudad de Miahuatlán, en el estado de Oaxaca (sur), Filomeno formó parte de los tres comunicadores asesinados esa misma semana en diversas partes de México, y esto tan solo en el mes que aun no concluye.
El hominicidio de ese comunicador rompió los récords llevando a México a ser considerado el País más mortífero para ejercer el periodismo en el último año, ya que de acuerdo con las organizaciones Freedom House y Artículo 19, diez reporteros han sido asesinados desde junio del año pasado.
Esto coloca a México en un lugar vergonzoso en el ranking mundial de Libertad de Prensa realizado por Reporteros Sin Fronteras ya que el País ocupa el lugar 148 de 180 países evaluados.
El mandato de Enrique Peña Nieto también tiene el deshonroso título de ser el Gobierno durante el cual más asesinatos de periodistas se han cometido.
Una muestra de la impunidad de la que gozan los asesinos de periodistas en México y la poca atención al tema de parte de las autoridades es el hecho de que desde febrero de 2006 cuando se creó la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Contra la Libertad de Expresión a la fecha solo se ha concretado una condena por el asesinato de un periodista.
Ser periodista en México es un trabajo de alto riesgo porque en este País te matan por serlo, no te dan empujocitos o cachetadistas como le sucedió a Martinoli.