Los mexicanos en EU que vengarán la humillación



Mexicanos

Con el movimiento Hippie, San Francisco se elevó y se quedó en el viaje, es por eso que en cada esquina te encuentras personas sin hogar, “homeless”; la mayoría drogadictos, “yunkies”; pero en esta fauna urbana nunca me ha tocado ver un hispano, sin duda los hay pero la mayoría de los paisanos que me he topado generalmente están ocupados trabajando.

Después de una frugal cena en el café Manson, la noche niña me tomó de la mano y empecé a caminar por Market Street mientras ella iba madurando. Concentrado en mis pensamientos no me di cuenta del momento en que empezó a tintinear a mi alrededor la lengua de Cervantes, opacando las campanas de los últimos tranvías.

Primero un murmullo, luego conversaciones que rasguñaban el silencio y después repentinas risas rasgándolo por completo.

Decenas de trabajadores de origen mexicano ocupados en labores de limpieza, mantenimiento, recolección de basura, repartición… iniciaron una invasión de los edificios a mis costados y empezaron, a modo de una serpentina que crecía desde las plantas bajas, a iluminarlos.

En un momento surrealista me sentí portador de una antorcha mágica que expandía el fuego a medida que avanzaba y marcaba el inicio de una febril actividad. Todo ese milagro acompañado de la palabra, de un español que volaba para coordinar, para reconocer, para unificar.

Observar como un ejército nocturno pone a punto una ciudad, es descubrir la imagen distorsionada y los prejuicios racistas que hay en Estados Unidos contra los mexicanos, a los que una conveniente persecución ha mantenido como mano de obra barata y chivo expiatorio de todos los males.

En esos mismos edificios, tal vez por la mañana, un WASP (Siglas en inglés de blanco anglosajón y protestante) eche pestes de los migrantes y promueva todos los prejuicios existentes. Pero no se preguntará cómo su café estuvo a punto, o quién dejó su oficina reluciente.

Quizá esta persona vomite prejuicios antes de iniciar su jornada en una productora de contenidos, que difundirá películas donde los hispanos solo aparecen como drogadictos, pandilleros, traficantes y asesinos.

Pero este ejército en las sombras, al que la inhumanidad de Estados Unidos ha cargado de sufrimientos, y la ingratitud de México condena al olvido, ha sembrado la inquietud de la venganza.

Lo anterior lo confirmé cuando en un hotel de lujo le pedí a un Botones que me ayudará a encontrar trabajadores de origen mexicano a los que pudiera entrevistar.

Mi repentino amigo, me llamó media hora después para decirme que había reunido a un grupo de personas que me esperaban en un salón de conferencias.

Emocionado me encontré frente al auditorio más atento inimaginable, tenía color cobrizo Oaxaca, ojos luminosos de selvas chiapanecas y cabello obsidiana mexiquense.

Era un grupo de 7 recamareras acarreadas por mi nuevo amigo, también mexicano.

Todas ellas tenían hijos que iban desde los 3 a los 17 años, y todas aseguraron con firmeza que sus hijos serían la primera generación, en sus familias, que acudiría a una universidad. Sin importar los sacrificios que ellas hicieran.

Al final les dije que agradecía su labor de sembradoras. –“Trabajamos en un hotel, otras mexicanas son las que van al campo a la siembra y a la pizca” –, me dijo una de ellas.

“Pero ustedes han sembrado fuertes árboles mexicanos en tierra extranjera y los han cuidado tan bien que pronto empezarán a dar frutos buenos”, contesté.

Desde hace dos años el número de bebés nacidos en Estados Unidos, hijos de padres mexicanos, es mayor que el número de paisanos ilegales que ingresan al País y las nuevas generaciones de jóvenes hispanos están cambiando el panorama.

Un dato extraordinario es que en esta última generación del sistema universitario estadounidense, se graduaron siete de cada 10 jóvenes hispanos que se inscribieron.

Un porcentaje incluso mayor que los alumnos de origen sajón que registraron un éxito del 67 por ciento.

El dolor y las privaciones, con el que sus padres regaron los sembradíos estadounidenses está fructificando en una generación que quiere que todos esos sacrificios no sean en vano, por eso cobrarán venganza contra la discriminación matándola.

No tendrán piedad en su revancha al recordar las lágrimas de sus progenitores, porque saben que la forma segura de acabar con la discriminación es no practicándola.

Así, me despedí de la noche anciana antes de verle agonizar con la primera claridad, en tanto que mis pensamientos forzaron una sonrisa.

A esta generación de jóvenes México-estadounidenses le está ocurriendo algo hermoso: Los brazos les están creciendo para abrazar, para trabajar duro y sentirse orgullosos de sus padres, medité.

Contra esto poco pueden hacer los sinsentidos xenofóbicos de gente como Donald Trump.



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