Llega Nuncio a acercar a la Iglesia mexicana al Papa Francisco



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Cuando el gobierno mexicano hizo un escándalo porque el Papa Francisco, uso, en una correspondencia privada, el término “mexicanizar” para hablar de la generalización de la violencia, la jerarquía católica mexicana no salió en defensa del Pontífice.

En una exhibición de prepotencia, la Secretaría de Relaciones Exteriores llamó a consulta al entonces nuncio apostólico, exigió disculpas al Papa y sólo el recién nombrado cardenal de Michoacán (por el propio Francisco)  Alberto Suárez Inda, hizo una tenue defensa del Pontífice.

El Papa tenía sólidos argumentos de defensa, pero le tocaba a la jerarquía católica mexicana defenderlo y no lo hizo porque hay muy pocos obispos mexicanos cercanos al Papa, y el desprecio del cardenal primado de México a Francisco pesa mucho.

Es por eso que la misión del nuevo nuncio papal, el arzobispo italiano Franco Coppola, que llega hoy a México y empieza a despachar en la Nunciatura a partir del próximo lunes, es acercar a la jerarquía mexicana al Papa Francisco.

La misión encomendada a Coppola, según fuentes cercanas al Vaticano, es quitarles a los obispos mexicanos sus aires de príncipes y acercar al sacerdote común al Papa, haciendo que los obispos les dejen de dar trato de peones. Hay un mensaje del Papa muy concreto que el nuncio debe dar a los obispos y es que visiten a sus sacerdotes, que conozcan y se interesen por sus familias (padres y hermanos) y que, aunque les parezca extraño, les den trato de hermanos a párrocos y vicarios.

Coppola trae un mandato que dejará en shock a la jeraquía mexicana ya que solamente se instale empezará a visitar diversas diócesis, probablemente empiece en el sur que es el área que más atención le pone Francisco por ser donde más se profundizan las diferencias económicas.

Otro de los temas peliagudos que se ha encomendado al nuevo nuncio es deshacer los nudos de servilismo de la jerarquía católica con el gobierno mexicano, y cuyo principal responsable es el Cardenal Norberto Rivera, quien se ha mantenido estrechamente vinculado al poder.

Enfrentar al nuevo nuncio, o tratar de estorbarle en su trabajo, sería suicida para Rivera ya que el próximo año presenta su renuncia por edad, y el regalo que le dará el Vaticano, probablemente el mismo día de su cumpleaños como lo hizo con el Arzobispo Primado de Madrid, Rocco Varela, sea su retiro.

Su destino como Obispo emérito depende del Nuncio, por lo que no es buena idea incomodarlo.

Con el retiro de Rivera, Coppola tendrá el camino libre a terminar de desarticular el perjudicial círculo de poder creado por los acólitos del legendario y denostado Girolamo Prigione, el nuncio que movió y protegió los intereses en México del Cardenal Angelo Sodano, el poderoso secretario de estado de Juan Pablo Segundo.

Sodano, Prigione y Rivera, le cuidaron la espalda al pedófilo de Marcial Maciel. Sin la protección de este trío las aberraciones de los Legionarios de Cristo y su fundador no se hubieran realizado.

¿Pero cuál es la garantía de que Coppola podrá con el encargo? La garantía es que trae órdenes directas y específicas del Papa Francisco, de que no es uno diplomático más del Vaticano, sino un hombre al que al Papa le impresionó su trabajo en zonas extremadamente difíciles del mundo y al que el Pontífice, directamente y personalmente, le ha dado los nombramientos que ha tenido desde que lo encontró trabajando en África.

Un diplomático curtido a Sangre y Fuego, literalmente, sería un elemento muy valioso para una misión en Venezuela, por ejemplo, pero su designación a México habla de los cambios profundos que busca el Papa en este país.

Las misiones que Coppola ha cumplido por órdenes del Papa Francisco lo han llevado a Burundi, Chad y la República Centroafricana. Ha trabajado en los climas de mayor inestabilidad política y desigualdad social y es muy difícil que le deslumbren los poderosos de México, como han sido deslumbrados los jerarcas mexicanos actuales.

Hacer que los obispos mexicanos salgan de sus palacios, que dejen de portarse como faraones y de pelearse entre ellos son las preocupaciones, claramente expresadas por el Papa Francisco al grado de que en la Catedral de la ciudad de México llegó a decirles “¡Si tienen que pelearse, peléense como hombres, a la cara!”

La primera tarea de Coppola ya empezó, y desde Roma empezó a hacer las consultas para encontrar el sustituto de Norberto Rivera, quien será clave para que la misión del nuevo Nuncio tenga éxito.

Este escrutinio se hace, incluso con sacerdotes de la Arquidiócesis, a quienes se les exige guardar el secreto sobre la consulta y la opinión que dieron.

El único problema es que entre la jerarquía católica no hay buenos candidatos y la Iglesia mexicana está muy lejos del ideal que tiene de ella el Papa Francisco.

Sin embargo este Papa es muy necio y probablemente logre convertir a la cultura de la misericordia al episcopado mexicano, si lo consigue será un milagro más grande que mover montañas o hacer que un camello entre por el ojo de una aguja.



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