La politización de la visita del Papa a México



Papafran

En un cambio radical, después de que el Cardenal Norberto Rivera secundara y promoviera la invitación del Presidente Peña Nieto al Papa Francisco a visitar México, la Arquidiócesis de México criticó el posible oportunismo de “políticos” con la visita del Pontífice.

“No faltarán oportunistas políticos jalando agua para su molino; sin embargo, en la alegría de esta peregrinación, lo importante es dar gracias a Dios y anunciar que es bendito el que viene en el Nombre del Señor”, publicó el periódico Desde La Fe, órgano oficial de comunicación de la Arquidiócesis de México.

Desde el 19 de marzo del 2013,  que el cardenal Jorge Bergolio se convirtió en Papa, el Presidente de México, Enrique Peña Nieto, lo invitó a México. Posteriormente el 17 de junio del año pasado, cuando Peña Nieto y su esposa Angélica Rivera, visitaron el Vaticano, el mandatario volvió a reiterar la invitación.

En ambas ocasiones el Papa respondió cortesmente al Presidente pero evitó profundizar en el tema y ni siquiera dio una fecha aproximada.

A pesar de la parquedad de la respuesta, y de no tener siguiera una fecha,  Peña Nieto dio una alta publicidad a la invitación, como un logro propio.

La promoción del Gobierno Mexicano; no pedida por el Vaticano, ni del gusto de Francisco; llegó al grado de que la Secretaria de Relaciones Exteriores, en ese momento a cargo de José Antonio Meade, se atrevió a asegurar que el Sumo Pontífice visitaría México antes que Estados Unidos, cosa que no sucedió.

En ese contexto el Cardenal Norberto Rivera, en vez de hacer una invitación al Papa a nombre de la Iglesia de México, secundó la promoción que hizo Peña Nieto del posible viaje papal, esto hasta el pasado fin de semana cuando, con el editorial del semanario Desde la Fe, advirtió del posible uso político que se quiera hacer de la visita Papal

Después del acoso al Papa para que le diera fecha de su visita  y la búsqueda para que el anuncio lo hiciera Peña Nieto, el Gobierno de México empeoró las relaciones con el Vaticano cuando se filtró un comentario de Francisco en el que advertía del peligro de la “mexicanización” de Argentina, haciendo referencia al riesgo de que la violencia se acentuara en el País Sudamericano.

El Gobierno mexicano reaccionó excesivamente rudo contra el Papa, ya que no se contentó con enviar una nota diplomática de protesta, sino que llamó a consultas al embajador del Vaticano en México (Nuncio Apostólico), lo que suele ser el paso previo a retirar diplomáticos de un País, cerrar una representación o adoptar medidas beligerantes contra otra nación.

El Vaticano tomó nota de la exagerada reacción mexicana como represalia contra el Papa Francisco porque evitaba que Enrique Peña Nieto hiciera uso político de la visita. En ese momento la Iglesia mexicana fue extraordinariamente débil en defender al Papa ante la sobre reacción del Gobierno.

Y para rematar a los Pinos le cayó como agua helada que el Nuncio Apostólico, Christophe Pierre, oficiara una misa en Ayotzinapa a nombre del propio Papa Francisco y también, en su nombre, escuchara a los padres de los estudiantes desaparecidos y transmitiera sus mensajes al Pontífice.

Finalmente, cuando el Papa Francisco decide su visita a México lo hace ignorando el gran interés de Peña Nieto de realizar el anuncio y es el vocero del Vaticano el encargado de dar la noticia.

La agenda del Papa queda en manos de la Iglesia de México y esta se notificará al Gobierno mexicano para que tome las medidas necesarias, por lo que se vuelve algo secundario si el Presidente Peña Nieto estará disponible los días de la visita y si habrá un encuentro, aunque es muy difícil que el Gobierno desaproveche la oportunidad y un desaire al Pontífice es suicidio político.

Es muy significativo que después de promocionar tanto el tema, ahora, que el Papa ha anunciado su visita, Peña Nieto y su Gobierno permanezcan en silencio.

Existe una iniciativa en el Senado de la República para invitar al Papa Francisco a hablar en el recinto legislativo, pero al parecer esta no prosperará.

Al constatar lo poco manejable que es Bergolio, y el riesgo de que desde el Senado de la República haga fuertes críticas a la situación actual de México, es muy probable que el Gobierno de México se enfoque a quitarle todo el brillo posible a la visita.

Conocer más al Papa Francisco le ha infundido temor al Gobierno, especialmente por lo claridoso que es y Relaciones Exteriores sabe que realmente se vería mal hacerle otro extrañamiento.

Es de esta manera que, como la mayoría de las cosas que le salen mal a Peña Nieto, no podrá usar políticamente la visita papal como lo estuvo buscando todo este tiempo, antes bien: es probable que ésta juegue en contra de él.

 



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