Ir a Misa, comulgar, dar limosna e incluso un cheque a la Iglesia pero al mismo tiempo no ser justo con los demás es usar a Dios para cubrir la injusticia, dijo el Papa Francisco en su primera homilía de Cuaresma.
El papa Francisco criticó a los empresarios o directivos de empresas que van a misa pero que pagan mal a sus empleados o no les dan las prestaciones a las que tienen derecho por ley
“Eso es usar a Dios para cubrir la injusticia; y eso es un pecado gravísimo”, enfatizó el Pontífice.
Jorge Mario Bergoglio advirtió a los presentes de que la Cuaresma no consiste en “no comer carne los viernes, hacer cualquier cosita, y después hacer crecer el egoísmo, la explotación del prójimo, ignorar a los pobres.
“No es buen cristiano aquel que no hace justicia con las personas que dependen de él”, dijo.
Durante su homilía en la Basílica de Santa Marta, el Papa instó a los creyentes a que se pregunten qué pueden hacer para evitar tantas injusticias sociales:
“¿Qué puedo hacer por los niños o por los ancianos que no tienen la posibilidad de ser visitados por un médico, o que esperan ocho horas y más el turno para ser atendidos y luego les cambian la cita para la semana siguiente?”.
En anteriores homilías ha sido crítico de a los que ha llamado “los fariseos del siglo XXI”, corruptos que pretenden lavar su alma dando dinero a la Iglesia.
“Tal vez comienzan con un pequeño sobre, pero esto es como las drogas: el hábito del soborno se convierte en una adicción”, dijo durante la homilía.
En anteriores ocasiones el Papa ha dicho que la corrupción daña a los más pobres.
“(Los corruptos) Dan de comer a sus hijos pan sucio, y sus hijos, tal vez educados en colegios costosos, tal vez crecidos en ambientes cultos, habrán recibido de su papá comida sucia… ¡habrá perdido la dignidad! ¡Y esto es un pecado grave! Porque se comienza tal vez con una pequeña mordida ¡pero es como la droga, eh!” señaló anteriormente.
El Papa dijo entonces que prefiere mil veces a un pecador que a un corrupto.
“La diferencia es que quien peca y se arrepiente, pide perdón, se siente débil, se siente hijo de Dios, se humilla y busca el perdón”.
“En cambio el corrupto lleva una doble vida. Mete la mano en el bolsillo y da a la Iglesia. Pero con la otra mano, roba: al Estado, a los pobres… Roba”.