Pocos se imaginarían que ese cardenal de gesto amable y practicante de la humildad al grado de calzar siempre huaraches se convertiría en el hombre que le daría un giro a la historia de la Iglesia.
El Papa Benedicto XVI había renunciado y los motivos por los que lo había hecho estaban convulsionando a la Iglesia. El cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado Vaticano, apoyado por los sectores más conservadores de la Iglesia, especialmente el Opus Dei, se había convertido en el poder detrás del trono y había aislado al Papa, al grado de que la única salida que el Pontífice veía era la renuncia.
El retiro de Benedicto no era debilidad, era inteligencia. Si le habían quitado el poder, ahora él se los volvía a arrebatar para entregarlo a otro. Con la sede vacante el dominio se concentraba en el Camarlengo, que era el mismo Bertone, pero Benedicto confiaba en que el colegio cardenalicio, por la intermediación del Espíritu Santo, eligiera al hombre correcto.
Cumplido el tiempo estipulado Bertone convocó al Conclave, pero el cardenal de los huraches, con el código de derecho canónico en la mano, le hizo ver que no había ninguna regla que les obligara a iniciar el proceso de inmediato.
Confiado en la gran cantidad de cardenales electores italianos, Bertone quería que el conclave se realizará los más pronto posible para que el bloque italiano pudiera imponer a su candidato. Pero el arzobispo de Boston, Sean O’Malley, pensaba de otra manera: El Colegio debía conocer lo más que se pudiera sobre los motivos de Benedicto para renunciar y quitarle el poder a la vieja curia romana.
O’Malley, que es capuchino, prefiere su hábito de fraile antes que su atuendo de Cardenal y por eso siempre usa huaraches, y él se convirtió en ese momento en el hombre más poderoso de la Iglesia, porque llegó con todos sus hermanos estadounidense detrás de él por considerarlo un pastor formidable.
Este humilde fraile convertido en Cardenal, fue el primero en practicar la cero tolerancia contra los curas pederastas y persiguió y entregó a la justicia a los malos pastores. Fue el primero que le dio voz a las víctimas aún a costa de los sectores conservadores que su antecesor, Bernard Law, había aglutinado.
Law le dejó un chochinero en la dicocesis de Bostón, después de que un equipo de reporteros del Boston Globe que se apodaban a sí mismos “Spotlight” lanzó una superinvestigación en la que exhibió a 79 curas pedófilos involucrados en un millar de casos de abusos sexuales y psicológicos a chicos. Estos reporteros produjeron más de 600 artículos con los que demostraron cómo el cardenal Law era culpable de haber tapado los casos y la Iglesia norteamericana había colaborado con una actitud cómplice.
O’Malley llegaba al Cónclave astiado de la podredumbre de la Iglesia, de los prelados y sacerdótes cómplices en ocultar los delitos, de la impunidad de delincuentes protegidos con sotanas que habían dañado a miles de niños en Estados Unidos. Llegaba depués de haber escuchado y llorado con cientos de víctimas.
Pero el principal problema que molestaba al arzobispo de Boston era la resistencia de la Iglesia y la protección de Roma a los delincuentes.
En el tiempo de reflexión, antes de entrar al Conclave, uno de los amigos latinoamericanos de O’Malley le comunicó lo que el arzobispo de Buenos Aires andaba diciendo de él.
“Dice que serías un buen Papa, que renovarías la Iglesia y que practicarías la cero tolerancia a los abusos por parte de curas”.
– “Exactamente es lo que pienso de él”, cuenta un allegado de O’Malley que contestó.
De esa forma dos cardenales americanos entraron al Conclave con su candidato muy claro, aunque Jorge Bergolio se topó con una ley no escrita, pero siempre practicada en el Colegio Cardenalicio, de la imposibilidad de que un estadounidense sea Papa, porque entonces Estados Unidos concentraría más poder del que ya tiene.
O’Malley hizo campaña por Bergolio y consiguió en seguida el voto en bloque de Latinoamérica (con la excepción de personajes como el mexicano Norberto Rivera y el brasileño Pedro Scherer, siempre dispuestos a respaldar a la vieja curia), después se le unieron los cardenales leales a Ratzinger y entonces Bergolio se convirtió en el Papa Francisco.
Apenas habían pasado 24 horas de la elección de Francisco y éste fue a rezar a la Básilica Santa María la Mayor. Bernard Law, que estaba refugiado en la Básilica porque Juan Pablo II se lo había permitido, salió sonriente a saludar al nuevo Papa.
A Francisco se le desencajó la cara y le dijo:”Monseñor, no quiero que siga frecuentando esta Basílica, tiene 24 horas para tomar sus cosas e irse”, y se alejó inmediatamente de él.
A Francisco se le le quedó grabada la procupación del capuchino de protección de la Iglesia a delincuentes, por eso nombró a O’Malley fiscal de hierro contra los encubridores y los curas pederastas e iniciaron una cacería por el mundo que los llevó, después de muchos siglos, a encarcelar delincuentes en el Vaticano y a entregarlos a las autoridades civiles.
Por primera vez no importaron los rangos, ni las influencias. De esa manera le echaron el guante a un peófilo amigo cercano a Juan Pablo II, el polaco Józef Wesołowski; Por primera vez se tocó a altos prelados del Opus Dei como el paraguayo Rogelio Ricardo Livieres por encubridor; y al obispo de Perú y, también miembro del Opus Dei, Gabino Miranda Melgarejo, por pedofilia.
Muchos de los críticos de la Iglesia señalan todo lo que hace falta en este tema, pero no reconocen que Francisco y O’Malley han avanzado años luz
Ahora, con el estreno de la película Spotlight se habla de que la Iglesia está muy interesada en que no se vea, pero es al revés: Ni Francisco, ni O’Malley han puesto alguna objeción a la cinta porque existe un sector de la Iglesia interesada en que se conozca la verdad y para muestra la opinión que O’Malley dio de la película en diciembre pasado.
“Creo que es muy dura, pero considero que es una película importante”, dijo.
El asunto de la pederastia es algo que no se debe de tomar a la ligera, creo que eso es uno de los puntos importantes de la película Spotlight, que se podría decir que no es anti-catolica; solo enfocándose a los hechos de investigación y desarrollo de la misma. A pesar de todo lo que se ha dicho de la película, tanto las buenas críticas como las malas, cabe destacar que uno de los temas que aborda es muy sensible para nuestra sociedad. Aunque se trabajó todo el guión bajo la perspectiva y lupa de la investigación periodística haciéndola un poco lenta y tediosa para algún público, es cierto que ahora se volverá un referente por haber ganado un Oscar (la pueden revisar aquí http://mx.hbomax.tv/movie/TTL603385/En-Primera-Plana) Es un tema que se logró manejar de una forma fluida y bastante interesante.