El Papa abre la Iglesia a divorciados vueltos a casar



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El Papa dijo, a través de su exhortación apostólica sobre la familia,  a los divorciados y vueltos a casar que no están excomulgados y que no deben sentirse así, sino que como miembros de la Iglesia pueden seguir madurando su fe y ser miembros activos de la Iglesia.

“Ya no es posible decir que todos los que se encuentran en una situación así llamada irregular viven en pecado mortal… porque nadie puede ser condenado para siempre”, dijo.

“No me refiero sólo a los divorciados en nueva unión, sino a todos, en cualquier situación en que se encuentren”, agregó.

Anticipándose a las resistencias que hay en los sectores más conservadores de la Iglesia el Papa pide al clero amplitud de miras y misericordia a la hora de discernir quién puede tener derecho a los sacramentos:

“Es mezquino detenerse solo a considerar si el obrar de una persona responde o no a una ley o norma general. A los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas, sino el lugar de la misericordia del Señor.”

La exhortación apostólica Amoris Laetitia, de 261 páginas en su versión en español, recoge e interpreta las consideraciones expresadas por los obispos durante el Sínodo de la familia.

De acuerdo a expertos vaticanistas este llamado muy en el estilo de Francisco le generará fuertes críticas de los obispos conservadores, los mismos que intentaron obstaculizar el Sínodo de la familia y especialmente por la fuerte crítica que el documento contiene a los pastores.

“Un pastor no puede sentirse satisfecho solo aplicando leyes morales a quienes viven en situaciones irregulares, como si fueran rocas que se lanzan sobre la vida de las personas”.

A esos pastores los califica como “corazones cerrados”, que se esconden detrás de las enseñanzas de la Iglesia “para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas”.

El Papa llama a analizar las condiciones de cada caso, y advierte: “Es posible que, en medio de una situación objetiva de pecado, se pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar, y también se pueda creer en la vida de la gracia y la caridad, recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia”. Y añade, pero solo a pie de página, pese a la importancia de la cuestión: “En ciertos casos, podría ser también la ayuda de los sacramentos”.

 



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