Un emigrante sirio de 27 años hizo estallar una bomba hiriendo a 12 personas junto a un céntrico restaurante en la ciudad alemana de Ansbach, en el estado de Baviera.
Los daños hubieran sido mayores si el hombre bomba se hubiera hecho explotar en el festival de música que se realizaba en esos momentos a un par de cuadras del lugar del ataque.
La explosión se produjo a las diez de la noche cuando los alrededores del establecimiento se encontraban llenos de gente debido a la celebración de un festival de música cerca del lugar.
Las autoridades decidieron cancelar el festival y ante la ausencia de autobuses a esa hora los cerca de 2.500 asistentes tuvieron que regresar a pie a sus hogares y hoteles.
El único muerto es el hombre que llevaba el artefacto dentro de una mochila, según las autoridades, al que habían denegado el permiso de asilo en Alemania. El ministro de Interior de Baviera, Joachim Herrmann, explicó que había llegado hace dos años al país y que su solicitud de asilo fue rechazada, pero que contaba con un documento temporal y los servicios sociales le habían facilitado un apartamento. Herrmann ha añadido posteriormente que el hombre iba a ser deportado a Bulgaria.
Es el tercer ataque violento en una semana en el estado de Baviera y el cuarto en Alemania.
El viernes por la tarde un joven germano-iraní de 18 años, Ali David Sonboly, mató a tiros a nueve personas, la mayoría adolescentes, e hirió a otras 35 en un centro comercial de Múnich, antes de suicidarse.
El estudiante, que llevaba un año preparando el ataque, había sufrido acoso escolar. Cuatro días antes, un refugiado afgano de 17 años atacó con un hacha e hirió de gravedad a varios pasajeros de un tren regional, en un acto reivindicado por el Estado Islámico.