El famoso compositor Alemán Richard Wagner asistió una vez a una representación de una de sus más famosas operas que en alemán lleva por nombre Tannahauser.
La interpretación fue desastrosa y a medida que avanzaba la obra crecía la desesperación de Wagner, por la gran mediocridad de los interpretes y los músicos por lo que el artista no pudo contenerse y se machó.
Al salir del teatro en el que se llevaba a cabo la obra, se percató que había un conjunto de bustos de grandes compositores pasados y actuales (de ese tiempo) y… ahí se encontraba el suyo propio.
Cuando la opera concluyó los espectadores se sorprendieron enormemente porque el busto de Wagner había desaparecido.
En su lugar había una nota:
“Ante la pésima interpretación de mi obra me he marchado y no pienso volver”, decía la nota.