Esa pregunta se la hizo el gobernador de California, Leland Stanford en 1878 e incluso motivó apuestas entre sus amigos.
El movimiento de las patas de un caballo es tan rápido que no se aprecia a valorar si en algún momento el animal está completamente despegado del suelo o si siempre mantiene algún apoyo en el suelo.
Como Stanford, además de amante de las carreras de caballos, era un hombre poderoso y rico, uso su dinero para responder la incognita y entonces contrató al fotógrafó Eadweard Muybridge para comprobar científicamente si el caballo despegaba todas sus patas del suelo.
Dispuso doce cámaras a lo largo de seis metros de longitud, que viene a ser la distancia de una zancada de caballo al galope, y las configuró para que dispararan a una milésima de segundo cada una con respecto a la anterior.
Al revelar las fotos se pudo obtener la evidencia de que efectivamente cuando un caballo trota a gran velocidad existen momentos en que las cuatro patas del equino están en el aire.
Lo que no supieron de inmediato es que con su experimento, habían hecho nacer el cine.