El héroe de Tiananmen



tanque

A veces las cosas más extraordinarias las hacen personas muy ordinarias. Es una lección que la vida nos da frecuentemente para igualarnos en la posibilidad de la virtud.

Ayer hace 27 años un hombre del cual nunca supimos su nombre, le dio al mundo una muestra de que la voluntad puede lograr las hazañas más asombrosas, como por ejemplo, detener una columna de tanques de guerra.

El Gobierno chino informó el viernes pasado que liberó a la última personas que aún permanecía encarcelada por las protestas en Tiananmen pero del hombre del tanque nunca se supo nada.

El incidente tuvo lugar en la Cháng An Dà Jie, o “Gran Avenida de la Paz Eterna”, a un minuto de distancia de la plaza de Tiananmen, en Pekín, el 5 de junio de 1989, un día después de que el ejército rojo hubiera masacrado a cientos de estudiantes que protestaban contra el Gobierno.

La falta de libertades y la represión a los disidentes de parte del Gobierno chino conjuntó a miles de jóvenes para expresar su inconformidad con gran decisión, lo cual les costó la vida.

Ante amenazas de mayores represiones contra los estudiantes, un joven se plantó frente a una columna de tanques que avanzaba hacia la plaza de Tiananmen. El hombre se mantiene solo en el camino de los acorazados mientras los tanques se le aproximan. Él sostiene lo que parecen ser dos bolsas en cada mano, como banderas de señales.

Mientras los tanques van disminuyendo la marcha, él hace gestos para que se retiren, el tanque situado a la cabeza intenta eludirlo, pero él rápidamente se vuelve a poner en el camino del vehículo y demostrando su tenacidad y resistencia, lo vuelve a hacer cuando el tanque intenta esquivarlo por segunda ocasión.

Ante esta persistencia los tanques se detienen y el individuo sube a uno de ellos para hablar con el conductor.

El mensaje de valor de este hombre, peleando por las libertades de los chinos es invaluable y quedó registrado en la historia como uno de los más grandes momentos de valentía de la humanidad.

No se supo más de este hombre, que desde ese día fue rastreado por todas las agencias internacionales de noticias para conocer su historia, pero al parecer el Gobierno Chino tuvo más éxito.

La versión de las autoridades chinas fue que después del incidente el hombre se confundió en la multitud que estaba en las cercanías de la plaza y nunca más se volvió a saber de él, otras versiones apuntan a que cuando se disponía a dejar la plaza la policía china se lo llevó, de que estuvo preso por cerca de 5 meses hasta que finalmente fue fusilado… de que fue fusilado ese mismo día.

En una ocasión un reportero le preguntó a un alto funcionario chino qué había pasado con el hombre que detuvo a los tanques.

“No estoy seguro, creo que no lo matamos”, respondió el funcionario, dejando su declaración a una gran variedad de interpretaciones.

El gobierno chino al principio, cuando el video de este hombre se empezó a volver viral, intentó censurarlo, pero cuando se dio cuenta de lo imposible que resultaba cambió de táctica e incluso lo difundió para mostrar como el ejército “respetaba tanto la vida humana” que sus soldados evitaban arrollar a un loco que se paraba frente a ellos.

Frente a cualquier intento de manipulación el mensaje que esta persona envió a la humanidad está muy claro: Hay injusticias que deben de eliminarse y hay hombres valientes que, sin importar las circunstancias, mostrarán siempre a los injustos.

El más grande riesgo de rendirse a la superficialidad es dejar de ver lo poderoso que pueden ser cosas sencillas como la roca constante que cava la roca, o un terrible fusil que se amansa cuando una rosa lo aboca.

Lo grande que se vuelve un simple y anónimo hombre que frena a todo un aparato militar porque cree en la grandeza de la libertad.



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