Muhammad Ali aguijoneó como abeja hasta el final



Alí

Lo maravilloso de Muhammad Ali es que mantuvo su espíritu combativo hasta el final, aunque el Parkinson le había quitado desde hace tiempo su capacidad motriz de “volar como mariposa” como él decía.

Hace unos años me tocó presenciar en vivo el mejor combate del mejor boxeador en la historia, que me mostró como seguía siendo capaz de picar dolorosamente como abeja y eso que estuvo aquejado por el mal de Parkison por muchos años.

Esta anécdota sucedió al final del mandato de Bush junior, era una ceremonia televisada en vivo en la que el Presidente de los Estados Unidos le entregaría la Presea Presidencial de la Libertad (Presidential Medal of Freedom). Ali fue ganador del oro en boxeo en los Juegos Olímpicos de Roma 1960 y posteriormente tres veces campeón del mundo de pesos pesados.

El mandatario le entregó la presea al boxeador y entonces la prensa pidió una foto. Bush levantó las manos en guardia, esperando que el viejo hiciera lo mismo, pero para sorpresa de todos el anciano pugilista levantó su mano derecha con el temblor provocado por su enfermedad, con dificultad se la llevó a la cabeza e hizo un movimiento circular con su dedo índice alrededor de su oreja, señalando que su supuesto oponente estaba loco.

El rostro de Bush se transformó en una sonrisa que más parecía una mueca, mientras que su cara se coloreaba de coraje por lo que se apresuró a darle la espalda al boxeador y salir a toda prisa del salón en el que se encontraban con todo su séquito.

La decisión de la opinión pública fue unánime: Bush perdió por knock out en su intento de medirse con el gran Cassius Marcellus Clay, Jr.

Las hazañas deportivas de Clay, o Muhammad Ali, su nombre musulmán, son notables e insuperables, sin embargo el gran mérito de este personaje es su resistencia en la defensa de sus ideas a pesar de que esto le costó todos sus logros deportivos.

George Bush, que se inventó una guerra para invadir Irak, creyó que podía bromear con el pacifista que inició la lucha de protesta para terminar la guerra de Vietnam, pero la respuesta que recibió fue un aguijonazo.

“Vuelo como mariposa pero pico como abeja”, era la manera en que Muhammad Alí presumía su gran agilidad y su contundencia para golpear, aun ahora se analiza el golpe más famosos en la historia del boxeo bautizado como la mano fantasma, porque las personas que lo presenciaron apenas lo pudieron ver.

Alí, sin embargo, inició otra lucha fuera del ring, al oponerse y manifestarse en contra de la discriminación y la hipocresía de la sociedad estadounidense al proclamar, al exterior, los ideales de igualdad, pero en la práctica ver a la gente de color, hispanos y nativos estadounidenses como ciudadanos de segunda clase.

Es por eso que uno de sus primeras manifestaciones de rebeldía contra el racismo fue arrojar su medalla olímpica al río Ohio, en donde permanece hasta hoy.

El precio de oponerse a la guerra de Vietnam le costó a esta leyenda del boxeo que lo despojaran de todos sus títulos. Fue arrestado y declarado culpable de evasión del servicio militar y le suspendieron su licencia de boxeador, y sin embargo, nada de esto lo hizo rendirse.

Aunque la oposición a Vietnam se volvió en los 60 una causa popular, Muhammad Ali sufrió el precio de ser el primero en oponerse públicamente.

El Comité Olímpico Internacional en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, como reconocimiento a su lucha, le regaló una nueva medalla para sustituir la perdida y Alí encendió el pebetero del fuego olímpico en esas competencias.

Alí viejo, cansado y enfermo no dejó nunca de combatir, no pidió que nadie tirara la toalla por él, siguió siempre colocando golpes a la vida, esperando oír sonar la campana para alzar los brazos e ir a descansar.

Y por fin la campana sonó y él se fue a su esquina satisfecho de haber salido de esta vida victorioso y contento de saberse nuevamente con el poder de volar como mariposa y de surcar los aires y los sueños al lado de ellas.

Fue capaz de aguijonear como abeja hasta el final, sino que lo diga George Bush, que nunca se repondrá del golpe que le dio el gran Cassius Clay.



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