Para Peña Nieto, el Papa y el Vaticano eran una forma fácil de auto promoción, con amplios dividendos en cuanto imagen y presencia en el pueblo mexicano. Y no es que la estrategia naciera de un astuto estadista, que ni en sueños Peña Nieto lo es, sino que se generó por la mansedumbre del Cardenal Norberto Rivera, siempre dispuesto a servir al poder
Así, por la intermediación de la alta jerarquía mexicana el entonces gobernador del Estado de México, montó en el Vaticano un nacimiento típico mexicano y el esplendido foro ofrecido por la Iglesia sirvió para anunciar su enlace con Angélica Rivera.
Por eso, cuando la Iglesia nombró un nuevo Papa, Peña, cual pastor a Belén, fue presuroso el 19 de marzo del 2013 a invitar al nuevo Papa a visitar México. Para el ya presidente de México la respuesta de Francisco era obvia: tenía que decirle que “sí” y darle una fecha.
El propósito era volver a usar a la Iglesia para promocionarse al lanzar un mensaje nacional diciendo que el Papa había aceptado su invitación, visitaría México tal fecha y todo el País estaría feliz.
Sin embargo, la respuesta del Papa, amable pero sin ningún compromiso, desarmó a Peña Nieto, pero no le quitó las ganas de volverlo a intentarlo el 17 de junio del 2014 , cuando visitó el Vaticano acompañado de Angélica Rivera y cuando recibió una respuesta aún más fría del Pontífice, (para ese momento Francisco ya había puesto en marcha sus redes de información e inteligencia, que en México no pasan ni cerca de las altas jerarquías).
La ignorancia de Peña lo llevó a acudir a su aliado de siempre, el Cardenal Norberto Rivera, para arrancar la fecha de la visita, sin saber que su servil amigo había perdido el poder de interlocución con el Vaticano .
Inició así un acoso de parte del Gobierno de Peña al Papa, seguido de un silencio de desconcierto cuando Francisco envió al Nuncio apostólico Christophe Pierre a oficiar una misa en Ayotzinapa a nombre del propio Papa Francisco y también, en su nombre, escuchar a los padres de los estudiantes desaparecidos y transmitir sus mensajes al Pontífice.
La poca inteligencia de Peña lo hizo pasar de la amabilidad a la rabia y por eso su equipo respondió con una rudeza excesiva contra el Vaticano cuando el Pontífice uso, en una carta privada, la palabra “mexicanización” como sinónimo de generalización de la violencia. (Ve la nota aquí)
Por fin, después de valorar la relación con el nuevo Papa, Peña empezó a darse cuenta que contrario a su intención de “usar” al Pontífice, un error en su relación con él podría ser un golpe terrible y optó por una actitud más prudente.
La aceptación de no poder controlar la visita papal, como los gobiernos anteriores lo habían hecho con Benedicto y Juan Pablo, porque la organización recaía en la Iglesia servil al poder, llevó al Gobierno a tratar, por lo menos, que esta le hiciera el menor daño posible.
Relaciones Exteriores se enfocó a cabildear con la secretaria de estado vaticana, y cardenales cercanos a Francisco, para que el Pontífice marcara la mayor distancia de los padres de los desaparecidos de Ayotzinapa, el argumento que la canciller Claudia Ruiz Massieu esparció en Roma fue que las líneas de investigación hablaban de que los jóvenes desaparecidos estaban ligados con grupos criminales.
Sin embargo, este intento también fue ingenuo, ya que ha sido el centro de Derechos Humanos, Miguel Agustín Pro (de los jesuitas) quien ha puesto en la mira internacional el tema de Ayotzinapa.
Y cuando por fin parecía que Peña Nieto había aprendido la lección, fue Angélica Rivera la que se empeñó en promocionarse a través de la figura papal y se propuso convocar a sus amigos de Televisa para hacer un tema musical. Peña se opuso y la confrontación casi llego a un pleito de gran alcance.
Angélica no cedería ya que está muy presionada por preparar su regreso a Televisa, después de la inminente separación de Enrique, por lo que su, hasta ahora, marido tuvo que ceder, pero lo hizo ya con la conciencia de que hasta este gesto podría acarrearle alguna molestia del Vaticano.
Así, la primera dama sacó su tema musical para que Televisa lo difundiera ampliamente y se encargó de dar lugar de honor a sus amigos artistas de Televisa en la llegada del Pontífice, la mayoría de ellos identificados más por sus escándalos que por su catolicismo.
De esa forma Angélica Rivera triunfó en la tarea en la que su esposo fracasó, usó la figura del Papa para promocionarse y tratar de seguir brillando dentro de dos años cuando deje de ser Primera Dama y esposa de Enrique Peña Nieto.