Como una plaga los niños de la calle de Río de Janeiro acosan a los turistas, los roban y en muchas ocasiones usan la violencia para quitarles sus pertenencias.
.Carteras, mochilas, teléfonos móviles, joyería, cadenas de oro son los objetos que codician los ladrones muchas veces infantiles que abundan en las calles de la ciudad.
El gran número de delitos muestra a una fuerza pública incapaz de reaccionar y a una ciudad que en realidad nunca estuvo preparada para se sede olímpica.
La buena noticia es que en lo que lleva de transcurrido las competencias olímpicas no se ha dado los famosos ‘arrastoes’ -o arrastrones-, que son robos masivos protagonizados por decenas de delncuentes juntos, que arrasan a su paso con lo que encuentran.
En grupos de hasta 50 jóvenes, los delincuentes suelen bajar descalzos de las favelas y recorren la arena asaltando a todo aquel que se encuentre en su camino, portando armas blancas, y alguna que otra vez, de fuego.
La violencia que protagonizan es tal frecuentemente dejan decenas de heridos y algunos muertos a su paso.
Para Río este es un problema tan antiguo como las favelas y la única “solución” que disminuyó el problema fue el exterminio y el asesinato sistemático de niños de la calle que realizaron los escuadrones de la muerte en los 80, opción inhumana fuertemente criticada por la comunidad internacional.